En los años setenta, el hogar dejó de ser un escenario rígido.
Las casas empezaron a cambiar, las familias también, y la forma de sentarse ya no respondía a una única norma.
Mario Bellini entendió algo antes que muchos otros:
la vida no es estática, ¿por qué iba a serlo un sofá?
Así nació Camaleonda en 1970, una pieza modular compuesta por volúmenes independientes que podían reorganizarse una y otra vez. No había una única forma correcta de usarlo. Cada usuario decidía.
El nombre lo dice todo: camaleón y onda.
Adaptación y movimiento.

Bellini no diseñó un sofá para ser mirado, sino para ser vivido. Para tumbarse, conversar, desordenar, recomponer. Una respuesta directa a una sociedad que empezaba a cuestionar las estructuras tradicionales, también dentro del hogar.
Durante años, Camaleonda fue visto como un objeto excesivo, casi provocador. Décadas después, volvió con fuerza, convertido en icono cultural y pieza de deseo para una nueva generación que busca hogares flexibles, personales y no normativos.
Camaleonda no sigue una tendencia.
Sigue una idea:
el diseño debe adaptarse a las personas, no al revés.




Leave a comment
This site is protected by hCaptcha and the hCaptcha Privacy Policy and Terms of Service apply.